6.30.2009

: ) :

—Oye, luces feliz.
—Lo estoy.
—¿Y quién es la chica?


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—¿Cómo andas? Te ves destruido.
—Sí, lo estoy.
—¿Y quién es la chica?

6.20.2009

Cantos de pájaros


Despertó de un sueño hermoso. Un sueño que nunca quiso que acabara. Un sueño que fue más real que cualquier mentira. Poner los pies en la tierra, luego de haber estado tanto tiempo volando con las nubes le resultó espantoso.

Esa mañana fue más fría que de costumbre. Esa mañana fue incluso más silenciosa. Tomó un lápiz y una hoja de papel y comenzó a escribir. Pensó en todos los detalles. Atesoró todos los recuerdos y los encadenó en un rincón oscuro dentro de su cabeza. Donde ni siquiera él pudiera desenpolvarlos.

Aquella chica seguía durmiendo, tan en paz, tan calmada. El silencio era tan enorme que podía escucharse los latidos de su corazón, y cada vez que exhalaba e inhalaba aquel aire espeso y nublado, sobre la luz tenue de la lámpara del escritorio.

Mientras escribía no se volvió a verla. Aunque fue eso, lo que más quería. Lo que más deseaba. Estaba intentando hacer todo lo contrario a lo que quería. Porque aquello que deseaba estaba mucho más allá de sus fronteras.

Se vistió y buscó sus zapatos bajo la cama. Tomó el juego de llaves y retiró una de ellas. Colocó la hoja de papel y utilizó la llave como pisapapeles.

Estaba dejándola. Se estaba marchando de aquella mentira que se superponía con su propia verdad. Como la novela que nunca comenzaría a escribir. En una gaveta colocó 127 poemas que había escrito para ella en los últimos meses.

Salió muy temprano. Mucho antes de que el sol se filtrara a través de las cortinas de aquella habitación. De manera que cuando ella despertara horas más tarde ya estuviera a miles de millas de ese lugar.

En la nota que dejó había escrito cosas como:
No te merezco...
...soy un cobarde...
...debería irme ahora...
...si esperara a que despiertes...
...si viera esa sonrisa tuya que me desarma...
...puede que no me vaya nunca...
Esto es lo más difícil que he tenido que hacer...
...no puedo evitar ser tan egoísta...
...evitaré que eso te afecte...
...me voy para que no tengas que preocuparte por que te importe...
...me voy para que no sea lo peor del mundo...
...me voy para no decepcionarte...
...te dejo para evitar que me dejes...

Entonces salió de la habitación. Antes de cerrar la puerta volvió a verla unos segundos. Siempre amó esa escena. Verla dormir e imaginar que esa paz y esa tranquilidad era porque soñaba las mismas cosas que él. El mundo perfecto en que todo lo que es mentira se vuelve verdad. Y que son ellos dos quienes importan por encima del resto del mundo.

El sonido de la puerta al cerrarse fue apenas un susurro.

El sol comenzaba a apartar las sombras de la superficie de todas las cosas. Se coló entre las cortinas y la habitación antes sumida en oscuridad y niebla se volvió con tonos naranjas de la mañana. Cantos de pájaros. Y de vez en vez, el sonido lejano de un coche transitando.

Cuando ella finalmente despertó, miró con los ojos desenfocados hacia el reloj de la mesa. Eran las 7:01. Se volvió hacia el lado izquierdo de la cama y él estaba ahí. No pudo llegar demasiado lejos cuando se dio cuenta de el absurdo que cometería. Y no le importó se tan infantil ni tan débil. No le importó ser cualquier cosa. Sólo se permitió sentir. Y tomar impulso otra vez para devolverse hacia las nubes.

El la estaba mirando fijamente. Ella lo miró y sonrió. El no pudo evitar sonreírle de vuelta.

Y ella dijo:
—¿Donde estuviste?

Foto: “ Hello Good Morning ” ~por Cloud Room